CONEJOBELGA

31 diciembre 2017

bienvenido, 2018


La fiesta continúa.

 
2017 ha sido un año de crecimiento y diversificación. CONEJOBELGA logró mantenerse a buen ritmo, aprovechando el impuiso de las plataformas digitales. Sin duda, la motivación más importante son nuestros lectores y colaboradores. La campaña #SigueAlConejo rindió maravillosos resultados en las redes sociales [Facebook + Twitter + Instagram] e incluso hemos tenido la oportunidad de interactuar con personajes clave dentro de las industrias creativas. Lo último: el 23 de Diciembre, Yoko Taro retwitteó una de nuestras publicaciones sobre Nier Automata, y nos hizo el día.


CONEJOBELGA se ha logrado mantener como una plataforma de contenidos independiente. En un país como México, donde cada vez resulta más arriesgado desarrollarse profesionalmente en las áreas creativas, nuestra victoria ha sido rotunda. No es fácil, pero continuaremos por esta vía, que nos parece la más honesta. Por ello, seguimos promoviendo a los creadores jóvenes tanto como a los artistas con trayectoria. Y hemos afinado la brújula para incluir expresiones de la cultura pop. Nuestra consigna: crear contenidos digitales para lectores inquietos. Sin dogmas y sin discursos oficiales.

A todos los que han creído en este proyecto: gracias. 2018 se perfila como el año de la consolidación de CONEJOBELGA y DUDUMDUSH para satisfacer la demanda de propuestas y dar un gran salto. La fiesta sigue (por mucho tiempo más).

–Christian Núñez





29 diciembre 2017

canicas negras



Durante 2017, acumulé notas minúsculas y fragmentarias casi de forma incidental, sin propósitos metafísicos. Al releerlas, he descubierto una tenue melodía de fondo compuesta por el paso del tiempo, las relaciones familiares y cierta nostalgia de vivir en Mérida. Las publico ahora, justo en el momento más inútil del año, junto a los collages de la serie Living on the wrong side.



kant
De niño, compraba las revistas de Ripley Aunque Usted No Lo Crea! Mis valores morales vienen de ahí. Mi formación ética. Mi metafísica.


meatballs
Soñé que un tío quería ver una película de acción en familia, tipo Duro de Matar, de esas noventeras de acción delirante, pero en realidad era una porno, y lo regañaron.

Soñé que Peter Pan tenía otro empleo en Nintendo; era el doble de Link, hacía las escenas peligrosas y después viajaba en metro a Nunca Jamás.

Soñé que escribía una novela negra cuyo narrador—en tercera persona—es asesinado por el serial killer. Fue emocionante.

Soñé que llamaron del banco para recordarme que soy perecedero y debería contratar un seguro de gastos funerarios. Todo mientras me cepillaba los dientes.

Soñé que salía de viaje y terminaba en una feria de cómics hojeando especiales de los X-Men con prólogos de Fernando Pessoa. Y luego nos dirigíamos a Portugal en auto. Una señora rica vigilaba que nadie subiera los pies a sus preciosos asientos. Veía fotos de castillos tipo Castlevania, fortalezas de piedra y crepúsculos. Con todo, extrañaba Mérida. Anoche cené albóndigas.


pasodoble
Mi padre, que es contador, esperaba que yo lo fuera también. Un día le dije que sí. Al salir de la prepa, me inscribí a un curso para entrar a la Facultad de Contaduría. Ni siquiera pude terminarlo. Sentía un vértigo depresivo que iba creciendo como un agujero negro, a la altura del pecho. Una amenaza total. Me armé de valor y le dije: No, viejo, lo he pensado, será Filosofía. Casi se muere. Ahora, cada vez que voy al SAT, recuerdo esos días de confusión vocacional mientras lleno formularios en línea y siento que, en el fondo, los números siempre estarán ahí, esperando el momento preciso. Pero las letras les guiñan un ojo, y se alejan. Es un urovoros recurrente.


fireflies
Vine a trabajar a casa de mi padre, porque en mi casa no hay luz. La CFE tardó 24 horas en decir: No es problema nuestro, llamen a su electricista. El conductor de Uber transitó una Mérida fangosa. Ciudad blanca de lodo negro. Me bajé en otra calle, desorientado, y al abrir mis redes sociales tuve la sensación de que podría estar sin ellas otro par de días. En el anonimato, sin opiniones mediáticas ni stalkers melindrosos, sin memes ni artivismos feministas. Quisiera repetirme una frase como mantra. La que alguna vez dijo Robert Walser: Solo en las regiones inferiores consigo respirar. Pronóstico del tiempo: Las lluvias van a seguir hasta nuevo aviso. Lo sé ahora, con el Internet de mi lado. Extrañaré los días de oscuridad, sencillos y domésticos, como vendedores aburridos que miran una falda roja en medio de la plaza. El hastío es la Nueva Jerusalén.






polaroid
Monjas con pizza. La última imagen poderosa de hoy.


micrograma
Ser como Robert Walser: silencioso, microscópico, marginal.


yoga
Paseo de las Fuentes. Días de Muertos. Suenan las campanas. No hay nadie cerca.


coworking
A las hormigas les gustan los libros viejos.´l, ﷽﷽﷽﷽﷽﷽os grandes como Kafka, que era cinco años menor que literatura contemporonde no sea fpariciedas. Ella cogito de una Vi


schreber
Fui a visitar a mi padre. Son los mejores días: cuando hay tiempos muertos. Hace ya más de un mes que no lo veía. Me ofreció un sándwich, y le ofrecí una barrita de cereal. Volvemos al trueque primitivo, en pleno siglo 21. Platicamos cerca de dos horas, en su oficina de contador, de forma ininterrumpida, como en tiempos remotos. Salí radiante al sol invernal de Mérida, y continué mi camino. Yo solo sé contar nubes, de esas inmaculadas, que a veces quedan completamente negras, y me persiguen por doquier.


clinic
Un padre cuida de su hijo en fase terminal. Se queda dormido. Cuando abre los ojos, se halla en un bosque dentro del cual hay un laberinto que debe recorrer para salvar a su hijo enfermo. Dicho laberinto ha sido dibujado por el niño en un cuaderno fantasma, y está lleno de monstruos relacionados con sus miedos, complejos, culpas y traumas. El padre irá enfrentándolos hasta descubrir que, probablemente, nunca pueda despertar.





  
ganondorf
A veces, cuando percibo que vienen grandes cambios, conscientes o ajenos a mi voluntad, la resonancia de cierta música pone el tono correcto en un instante de lúcida impermanencia.

A veces, cuando ya es demasiado evidente la repetición de los ciclos inútiles, de las rocas que suben y bajan mil veces, y Sísifo decide abandonar la montaña, solo cierta música transforma el hastío en un desierto soportable.

A veces ni siquiera el desierto, la imagen avasalladora del desierto físico, con su arena y nubes y vacío mineral, nos pone a salvo, sino solo ciertos sonidos que reemplazan al silencio, ese dragón que vuelve demasiado pronto. 

Voy despacio que llevo prisa, dice mi padre. Voy deprisa en sentido contrario, le respondo. Hasta el castillo de Hyrule se cansa a veces. Todo se cansa de todo en un movimiento rojizo y crepuscular.


180°
Sábado después del mediodía.
El Seat rojo en el que viajaba con mi madre y una tía recibió un impacto imprevisto mientras rodeábamos la glorieta del Tribunal Superior de Justicia. Mi madre logró maniobrar y dimos un giro de 180 grados. De lo contrario, los daños habrían sido mayores.
La conductora del otro vehículo tenía intenciones de huir, pero no pudo hacerlo. El faro izquierdo de su Chevy se había desprendido; lo arrastraba como un ojo fuera de su órbita. Mi madre salió de inmediato y le reclamó. Mi tía estaba completamente pálida; le faltaba el aliento.

Policía. Cruz Roja. Ajustadores. Tres horas y media de negociaciones con una mujer que negaba su responsabilidad. Afirmó primero que había respetado el señalamiento de ceda el paso. Luego argumentó que la habíamos rebasado. Por último, dijo que yo era el conductor.

Por momentos, la situación me pareció típica de un relato de Cortázar, luego pensé en Saramago, más tarde le vi posibilidades para una novela titulada Mi madre conduciendo, donde presente, pasado y futuro se fundieran en un solo instante, el de vernos en cámara lenta volteándonos
con el cielo nublado al fondo.

No era ficción. No era poesía. Simplemente íbamos a interrumpir nuestro retorno a casa de forma estúpida, sin final abierto.


gift
Mi madre cumple años mañana. Los festejos comenzaron hoy mismo. Fuimos de compras. El cielo nublado y nosotros de compras. Desayunamos en familia y, arriba, el cielo negrísimo. Recorrimos dos plazas. Afuera, las tinieblas cubrían ciertas nubes. En escala de grises, cada vez más oscuras. Nos detuvimos a comer con mi hermano y su novia. Y nunca llovió. Mi madre alegre, el cielo turbio, pero nunca llovió. Más tarde pizzas y pastel, anécdotas y un video sobre las galaxias que jamás conoceremos, la vida en otra parte. Felicidad en medio del cosmos incomprensible. Bromas y agujeros negros. Los pronósticos auguran tiempos contradictorios.


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´l, ﷽﷽﷽﷽﷽﷽os grandes como Kafka, que era cinco años menor que literatura contemporonde no sea fpariciedas. Ella cogito de un

Canicas negras
Edición de textos: Christian Núñez
Imágenes: Mi madre conduciendo. Fotografía S/F
Lost. Mixta s/papel algodón, 2017, 28x2cm
Aloha. Mixta s/papel algodón, 2017, 21x28cm
Flow. Mixta s/papel algodón, 2017, 43x27cm
The Reader. Mixta s/papel algodón, 2017, 28x21cm
Invisible Brass Band. Mixta s/papel algodón, 2017, 21x28cm
Distance. Mixta s/papel algodón, 2017, 28x21cm
Canicas negras. Fotografía S/F

 

28 diciembre 2017

¡el horror, el horror!


A través del tiempo, a través del espacio, el horror amplía sus límites. Abandonen toda esperanza quienes entran aquí. 



NATURE BOY
Horacio Quiroga nos legó una extraordinaria serie de cuentos, entre los cuales destacan tres joyas de terror naturalista: La gallina degollada, El almohadón de plumas y La miel silvestre. Por ahí habría que empezar. Y luego, dar un salto a sus piezas más intimistas, como La meningitis y su sombra o Juan Darién, la historia de un tigre convertido en niño. Maestro de los finales violentos, Quiroga se suicidó a los 58 años, con cianuro.

Yo lo encontré por suerte en un enorme librero de madera oscura, en casa de mi abuela paterna, cuando tenía seis o siete años, y fue un gran escape contra la realidad, la violencia doméstica, el alcoholismo de mi abuelo, la leucemia y la sensación de pérdida irreparable ante el divorcio de mis padres. Lo leí con la misma satisfacción con la que un niño devora una pulpa de tamarindo enchilado, bajo una especie de engolosinamiento insaciable, mi veneno.

A Quiroga le siguió Stephen King.


BLOOM AGAINST KING
Solo años más tarde, ya en la edad adulta, alcanzaría a comprender el impacto de King en la cultura popular. Hay quienes dicen que su obra es todo menos literaria. Harold Bloom puso el grito en el cielo cuando, en 2003, Mr. King recibió el premio anual de la National Book Foundation. Hasta dijo: «Stephen King no es Edgar Allan Poe. Analizándolo palabra a palabra, oración a oración, párrafo a párrafo, no es más que un mal escritor. Si éste va a ser el criterio por seguir, quizá se debería dar el premio a la contribución distinguida a la literatura, el año próximo, a Danielle Steele y, obviamente, el Nobel de Literatura a J. K. Rowling.»

Ya veremos.


GUILTY PLEASURES
De Harold Bloom he aprendido que solo hay tres cualidades que importan en una obra literaria: poder cognitivo (que incluye la originalidad), belleza (esplendor estético) y sabiduría. La obra de King, sinceramente, no muestra mucho de esto. Su brújula tiene otro norte. Como menciona Mariana Enríquez en una entrevista de 2016 para el programa Los 7 locos, el escritor estadounidense rastrea problemáticas sociales, políticas y urbanas en el cotidiano de la clase media. «El terror realista que más o menos inauguró en los 70’s, al principio no fue leído con mucho respeto por el enorme éxito que tuvo, y por considerarlo un género menor. Carrie, por ejemplo, es un libro sobre bullying, fanatismo religioso y una masacre escolar, y además hay una chica que tiene telequinesis.»

Intento apuntar hacia un enfoque distinto sobre lo que se considera profundo o banal, según Bloom, en las letras. King parece haber diluido las fronteras entre la cultura canónica y la popular. Ese, por sí solo, no es un argumento, pero sí un mérito. Si lees El umbral de la noche (1978), donde se incluyen cuentos como Los misterios del gusano, La cornisa, BASTA, S.A. y Sé lo que necesitas comprenderás a qué me refiero. Lo verdaderamente cruel sería descartar a un autor solo porque es un best seller o no escribe lo que un crítico considera sublime, fuente de orgasmos neuronales y visiones profundas. Lo trágico sería no leer a J.K. Rowling por un prejuicio de la academia, y prohibirse a uno mismo esos gustos culpables. ¡El horror, el horror!





SAD VAMPIRE
Tomas Alfredson, quien dirigió Déjame entrar en 2008, me llevó a la novela homónima de John Ajvide Lindqvist, otro autor que ha tenido enorme éxito de ventas a pesar de (o precisamente por) su estilo coloquial. Elige ambientes urbanos periféricos, sus personajes son marginales e inadaptados, y suele describir la ruina moral envuelta en gore y suspenso.

La novela, publicada en 2004, explora junto al tema del vampirismo ciertas problemáticas sociales—alcoholismo, disfuncionalidad familiar, pederestia—con diversos matices expresivos. A veces la prosa puede ser muy cruda y despiadada, casi periodística, y a veces alcanzar diálogos minimalistas y tenues, en una esfera de ambigua perversidad infantil, como en el cine de Guillermo del Toro.

Ajvide Lindqvist señala en la página 455, tras el epílogo, que Déjame entrar se basó en hechos reales: «Si a alguien se le ocurre comprobar el tiempo que hizo durante el mes de noviembre de 1981, descubrirá que aquél fue un invierno inusualmente suave. Yo me he tomado la libertad de bajar la temperatura unos grados. Por lo demás, todo lo que cuenta el libro es cierto, aunque ocurriera de otra manera.»


SINISTER CLUB
He ahí la fórmula de lo siniestro: meter al monstruo a la casa. En sus estudios psicoanalíticos, Freud empleaba el término unheimlich para referirse a lo familiar que se vuelve maligno. Todo lo que debería permanecer secreto, pero se manifiesta, agrega Schelling. Michel Houellebecq lo explica de forma concisa en H.P. Lovecraft – Contra el mundo, contra la vida:

Podríamos resumir como sigue una concepción clásica del relato fantástico: al principio, no ocurre absolutamente nada. Una felicidad trivial y beatífica inunda a los personajes, felicidad adecuadamente representada por la vida de familia de un agente de seguros en una zona residencial norteamericana. Los niños juegan al béisbol, la esposa toca un poco el piano, etc. Todo va bien. Luego, poco a poco, empiezan a multiplicarse incidentes casi insignificantes, que coinciden de manera peligrosa. El barniz de la trivialidad se agrieta, dejando paso a inquietantes hipótesis. Inexorablemente, las fuerzas del mal hacen su entrada en escena.

Filmografía recomendada y provisional: It (Tommy Lee Wallace, 1990), Cronos (Guillermo del Toro, 1993); Sinister (Scott Derrickson, 2012); The Lords of Salem (Rob Zombie, 2012); The Babadook (Jennifer Kent, 2014); Les Revenants (Fabrice Gobert, 2012/15); Stranger Things (Hermanos Duffer, 2016/17).


BURN OUT
Forrest Gander introduce lo siniestro a través del retorno de un hombre muerto a la cochera de su casa, creando una sensación de extrañeza introspectiva. El poema se titula Sueño recurrente:

Temprano, en la noche azul, murciélagos revolotean
a través de un farol que ilumina en isósceles.
En un impulso, tanto signos como soluciones:
Ella mira hacia arriba.

A una cuadra, el camión de los helados
da la vuelta con su música. Un mundo familiar
por consenso vira en una fina fractura.

El muerto se estaciona en la cochera.
Ella mira desde el umbral
mientras detrás de ella una televisión
anima la pared. Ella medita

cómo es que él se condujo a casa
desde el cementerio, encorvado,
su rostro inmóvil contra el volante.
Cuán limitadas son las posibilidades

de nuestra reacción
al pasado inerte, al lodo endurecido,
a la demostración del fenómeno puro del día.

Congelada en la puerta corrediza, ella mira fijamente
a la figura sentada grotescamente quieta en el coche estacionado.

Y no recuerda nada más del sueño,
como si dijera: Aquí está el mundo. Tú
ni siquiera sabes
cuán violentamente estás implicado.

En su ensayo Cómo leer a Lacan, Slavoj Žižek nos explica que en la oposición entre sueño y realidad, el fantasma queda del lado de la realidad, y es en los sueños donde nos encontramos con lo real traumático. Y agrega: «No es cierto que los sueños son para aquellos que no pueden soportar la realidad; por el contrario, la realidad es para aquellos que no pueden soportar (lo real que se anuncia en) sus sueños. Esta es la lección que Lacan extrae del famoso sueño que Freud cuenta en La interpretación de los sueños del padre que se queda dormido en el cuarto contiguo donde reposa su hijo muerto. El hijo se le aparece en sueños y pronuncia el terrible reproche: “Padre, ¿acaso no ves que estoy ardiendo?”»





ASHES TO ASHES
Lazos filiales: La carretera, de Cormac McCarthy, teje una oscura parábola sobre la supervivencia de un padre y su hijo tras un apocalipsis que arrasó la vida en la Tierra. Catástrofe cruda, directa y elíptica con antropófagos. Olor a cenizas y carne, persecuciones. El libro es un balazo en la sien. Recuerdo haberlo leído en pocas horas, en un estado de tensión perversa, como un condenado a muerte.

Miró los escalones de madera hasta que bajaban. Agachó la cabeza y luego encendió el mechero y paseó la llama por la oscuridad como una ofrenda. Frío y humedad. Un hedor infame. El chico se le agarró a la chaqueta. Se veía parte de una pared de piedra. Suelo de arcilla. Un colchón viejo con manchas oscuras. Se agachó y bajó otro escalón con el encendedor al frente. Acurrucados junto a la pared del fondo había hombres y mujeres desnudos, todos tratando de ocultarse, protegiéndose el rostro con las manos. En el colchón yacía un hombre al que le faltaban las dos piernas hasta la cadera, los muñones quemados y ennegrecidos. El olor era insoportable.

Cielo santo, susurró.
Entonces uno a uno volvieron la cabeza y parpadearon a la miserable luz. Ayúdenos, dijeron en voz baja. Por favor, ayúdenos.
Dios, dijo él. Oh, Dios.
Agarró al chico. Date prisa, le dijo. Date prisa.
Se le había caído el encendedor. No había tiempo para buscarlo. Empujó al chico escaleras arriba. Ayúdenos, decían ellos.
Deprisa.
Una cara barbuda apareció al pie de la escalera. Por favor, dijo en voz alta. Por favor.
Deprisa. Rápido, por el amor de Dios.
De un fuerte empujón sacó al chico por la trampilla. Salió el también y luego asió la puerta y la cerró dejándola caer de golpe y se volvió para levantar al chico del suelo donde había quedado despatarrado pero el chico estaba ya de pie ejecutando su pequeña danza de terror. Quieres hacer el favor de darte prisa, dijo entre dientes. Pero el chico no dejaba de señalar algo que había fuera de la ventana y cuando miró hacia allí se quedó paralizado. Cuatro barbudos y dos mujeres venían hacia la casa atravesando el campo. Agarró al chico de la mano. Dios mío, dijo. Corre. Corre.

Si bien se trata de una novela tangencial dentro del universo de McCarthy, dirigido al western, la experiencia estética, sumergida en el survival horror, es purificadora. Como sucede con los relatos de Rulfo, algo se impregna en los dedos a medida que avanzamos; el viaje nos empolva el corazón. Dato aparte, la película incluye banda sonora de Nick Cave + Warren Ellis.


LOVELY LOVECRAFT
Howard Philip Lovecraft como creador del horror cósmico ha sido el germen de una galaxia expandida de autores, creativos y filósofos que siguen adorando a Cthulhu. Tan solo en 2015, uno de los títulos de lanzamiento del Playstation 4 fue, precisamente, una versión inmersiva del universo lovecraftiano saturada de sangre y ofrendas a la luna: Bloodborne. Si tienes oportunidad, sumérgete en sus callejones victorianos, y llénate de sangre contaminada.

De ahí saltamos al horror filosófico, género que en los últimos años ha cobrado fuerza gracias a La conspiración contra la especie humana, una biblia para descreídos firmada por Thomas Ligotti. Eugene Thacker, autor del ensayo En el polvo de este planeta, elabora una exégesis del horror a través del Nuevo Nihilismo, repasando expresiones de la contracultura como el metal nórdico y los mangas de Junji Ito.

Este par de autores, cuyo materialismo fornica con el pesimismo existencialista, señala que nuestra presencia en la Tierra carece en lo absoluto de propósito. El horror es así la conclusión de una serie de teorías filosóficas que cuestionan el sentido de la realidad. Bajo la misma consigna se urden las tramas de American Elsewhere, cuarta novela de Robert Jackson Bennet, y True Detective, serie transmitida por HBO.

La región salvaje (2016), cuarto largometraje de Amat Escalante, podría ser una valiente síntesis de horror naturalista, realista y cósmico. Incluye una criatura tentacular—homenaje a Lovecraft & Possession, de Andrzej Żuławski—y reivindica de tal modo la noción de unheimlich que Freud aplaudiría como foca. Nada como el horror para explorar los miedos colectivos. Nada como la angustia desatada. Nada como fallecer y despertar, en otro sitio.

Junto a mi abuela muerta, por ejemplo.

IN YOUR HANDS
Entre las cintas de horror corporal que he visto en últimas fechas, sin ánimo de hacer un recuento pormenorizado—zombis aparte—, aún persisten las imágenes de Thanatomorphose y Antiviral, ambas operas primas estrenadas en 2012, de Éric Falardeau y Brandon Cronenberg, respectivamente. Metáfora del aislamiento y la incomunicación visceral una, distopía sobre el culto enfermizo a los famosos la otra, sus personajes tienen serios problemas para lidiar con la realidad. El cuerpo es una ventana para arrojarse. Un tranvía llamado Dagón.

David Cronenberg, maestro del body horror, estrenó Maps to the stars en 2014. Drama cáustico sobre incesto, drogas, quemaduras y perversiones en el Hollywood contemporáneo. Monstruos morales, bestias ególatras grandes y pequeñas, música de Howard Shore y un reparto que incluye a Julianne Moore, John Cusack, Robert Pattinson y Mia Wasikowska. Cuerpos liberados, cuerpos aturdidos, cuerpos ardientes, ahogados en culpa y rabia. Fuego, redención. Y lo mejor: fragmentos del poema Libertad, de Paul Éluard.

Una mano cuelga del techo. Esperen. 




A la memoria de mi abuela Edith
28.12.2017

¡El horror, el horror!
Edición de textos: Christian Núñez
Imágenes: Fotograma Thanatomorphose
Stephen King + Harold Bloom + John Ajvide Lindqvist
Slavoj Žižek + Cormac McCarthy + H.P. Lovecraft
Fotograma Maps to the stars