CONEJOBELGA

27 julio 2012

Al silencio


 
AL SILENCIO
Gonzalo Rojas
 
Oh voz, única voz: todo el hueco del mar,
todo el hueco del mar no bastaría, 
todo el hueco del cielo, 
toda la cavidad de la hermosura 
no bastaría para contenerte, 
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera 
oh majestad, tú nunca, 
tú nunca cesarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz, 
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios, 
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.


De Contra la muerte, 1964.
  
[Imagen:
Emerging, 87” x 64”, oil on canvas, 2005, Eric Zener]

 

02 julio 2012

Henry Darger, tour post-mortem



  Henry Darger, tour post-mortem
 
Cómico, triste, terrorífico, solitario, retraído, Henry Darger era una de esas criaturas fantásticas que la naturaleza produce de vez en cuando. Nunca se casó, no tenía amigos ni parientes a quienes avisar en caso de fallecimiento. Por las noches, los vecinos de su cuarto en Chicago escuchaban voces alternadas, marchas militares, conversaciones frente al espejo. Entre otras linduras, Darger amarraba con una soga su cartera, discutía en secreto con el meteorólogo del diario cuando éste se equivocaba y se había obsesionado por la muerte de una niña, Elsie Paroubek, de quien había leído una nota roja. Pero al morir en 1973, el viejo ermitaño se reivindicó. Nathan y Kiyoko Lerner, sus caseros, hallaron en el dormitorio donde vivía cientos de acuarelas paisajísticas que, según el caso, podían ser bélicas o celestiales, protagonizadas por 7 niñitas rubias. Las ilustraciones –y una cantidad menor de collages– habían sido hechas ex profeso para una larga novela de quince mil páginas, firmada por Darger, cuyo título recuerda epopeyas del Medievo: La Historia de las Niñas Vivian en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal, sobre la Guerra-Tormenta Glandeco-Angeliniana causada por la rebelión de los Niños Esclavos. Los Lerner, ante tal hallazgo, decidieron inmortalizar a su inquilino. Darger, o su fantasma, exhibió varias obras en museos y galerías de renombre, su talento marginal fue aclamado internacionalmente y, en un homenaje póstumo ad hoc, una banda de punketas se hizo llamar The Vivian Girls.

Los estudiosos opinan que Darger padecía el Síndrome de Asperger, un tipo de autismo presentado en niños varones cuyas principales notas son la falta de empatía, la insuficiencia para las relaciones sociales, las conversaciones solitarias, los movimientos torpes y un profundo arraigo hacia un interés determinado. Ciertamente, las escenas creadas por sus misteriosas manos provocan una sensación de incomodidad, de cuestionamiento hacia los límites de la violencia infantil, y la mezcolanza de cristianismo, transexualidad y guerra en medio de paneles a todo color, en clave näif, con proto-lolitas, resulta irónica. No obstante, si el Universo Darger necesitara reforzamientos teóricos, Leopoldo María Panero sería el autor más idóneo. En el prefacio a El último hombre, el poeta esquizofrénico explica que además de «contrastar la belleza y el horror, lo familiar y lo unheimlich (lo no familiar, o inquietante, en la jerga freudiana) otro de mis métodos para la consecución de este libro es lo que el formalista ruso Sklowsky llamaba el extrañamiento: esto es, deslizar componentes anómalos en medio de un panorama familiar. Ceniza entre unas guindas, dos sapos en un jardín, tres niños adorados por los sapos: la fealdad rodeada de belleza o viceversa.» En términos visuales, Darger iba de lo asombroso a lo irracional: envió a las encantadoras niñas Vivian, seres híbridos del planeta Abbienia, a combatir contra el ejército del general Manley. Inventó dragones voladores para custodiarlas y, por si acaso, las dotó de diminutos penes.

El documental In The Realms Of The Unreal (2004) de  Jessica Yu, con las voces de Dakota Fanning y Larry Pine, completa el retrato psicológico. La estructura narrativa del filme apunta hacia tres direcciones. La primera consiste en una autobiografía de Darger, basada en su texto The history of my life, de 5,084 páginas. La segunda se refiere a cómo lo percibían sus vecinos. La tercera, más vistosa, introduce animaciones de sus propias acuarelas y collages, transportando al formato digital las escenas agrestes, su exuberancia, sus colores alucinados. «Tratamos no de marcar completamente cada historia sino de contarlas en paralelo, para tener una imagen mayor de quién era este hombre, cómo vivía y qué significaba este mundo para él» –explica Yu, enfatizando que Darger «estaba tratando de crear un mundo fuera de su imaginación, vivir allí y eso es algo que los artistas hacen pero que él llevó a un nivel donde realmente estaba sustituyendo el mundo real por el imaginario.» Y a tal punto perdió su lugar en este mundo, que abandonó Chicago para fugarse a otro planeta; el nuestro le parecía torpe, demasiado inverosímil, ficticio. Necesitaba uno monstruoso. La personalidad evasiva y triste de Darger hace eco a historias como Bartleby el escribiente, de Herman Melville y a Wakefield, de Nataniel Hawthorne, que describen personajes absurdos con altos niveles de negación vital, antecedentes de Sísifo en la literatura existencialista.

Para cerrar el círculo, la cinta de Yu informa que la habitación de Darger fue desmantelada en el 2000. Como epílogo, en los créditos se oye Innocent when you dream (78), de la rasposa garganta de Tom Waits. «¿Pueden creerlo? Al contrario de la mayoría de los niños, odiaba ver llegar el día en que sería grande. Quería ser joven para siempre. Ahora soy un viejo rengo, diablos», escribiría un Darger crepuscular, sin planes de una gira post-mortem.

–Christian Núñez





01 julio 2012

El Melancólico Estilo Viner



El Melancólico Estilo Viner


Jonathan Weiner (Nueva York, EEUU, 1976), o Viner a secas, es conocido en el circuito del arte neoyorkino como un artista lowbrow, término puesto en circulación en 1979 por Robert Williams, contrario al arte highbrow o elevado. Las influencias del movimiento son más bien callejeras y populares; también se le denomina Surrealismo Pop, aunque ciertos críticos no reconocen la equivalencia. Aun así, el lowbrow ha sabido posicionarse en el negocio galerístico con buenas ventas y un creciente consumo derivado hacia el mercado de la música, las revistas especializadas y las marcas fashion. Entre los clientes del pintor, destacan la famosa publicación Rolling Stone, Playboy, Simon & Shuster, Elektra Records y Converse.

Inspirado en el tema de la música, Viner hizo en el 2009 una serie de retratos de modelos en topless con audífonos. La técnica, óleo sobre panel, resalta por un realismo figurativo sólido. Entre sus influencias, el pintor menciona a Velázquez, Caravaggio y Sargent, lo cual, por otro lado, no le viene nada mal a una propuesta desenfadada, profunda y accesible a la vez.

El lowbrow recoge del underground norteamericano expresiones contraculturales como el punk, la historieta, el tatuaje y los autos hot rod. Otras influencias vertidas al estilo son el animé, los flyers de música electrónica, el graffiti, el kitsch y el diseño de moda. Una de las características más vistosas del Estilo Viner consiste en la impecable vestimenta de sus modelos, tanto hombres como mujeres, quienes combinan acertadamente colores, texturas y accesorios en su atuendo diario. En Conduit of dialogue, óleo sobre panel del 2007, una muchacha sobre fondo rosa revisa su teléfono celular en una mesa con una jarra de gusto exquisito. A discerning youngster (2008) muestra a una niña rubia muy seria, con falda azul y botas de ribetes fucsia dentro de una biblioteca, sujetando un cesto vacío. Bloodline (2007) representa a un hombre con barba enseñándole a una pequeña cómo usar el arco, en un paisaje de árboles sin hojas donde predominan los tonos ocres.

El Estilo Viner correspondería a un surrealismo más cercano a Magritte que a Dalí, mezclado con Polanski, pasado por Kundera y revuelto con Placebo. Porque toda vez que el Viner onírico bromea, construye situaciones basadas en el aislamiento, en los fríos patrones sociales y la desconexión emocional de los individuos. Su obra, sin ser agresiva, pone el dedo en la llaga.

Viner también ha hecho dibujo. En realidad, se trata de estudios de trazos rápidos y eficaces que aparecerán ya bien definidos en las pinturas posteriores, su legítimo terreno. Esta sección divulga la mecánica del proceso. Muchas de las imágenes garabateadas se transforman en cisnes cuando aterrizan sobre los paneles del pintor. Artesano y artista prosperan mutuamente: los recursos de uno, acentuados y embellecidos por el otro, mejoran la perspectiva, la proporción y las composiciones. Del Viner dibujante se pueden obtener las mismas características, deshuesadas, de su homólogo retratista. Donde vemos lápiz habrá colores, junto a la mariposa crecerá un árbol, el hombre con el gato terminará encendiendo la televisión y la niña con botas no querrá quitárselas nunca.   
Graduado en la Rhode Island High School of Design en 1998, Viner data su primera exposición importante en el 2002. Y de diez años a la fecha, su nombre se ha vuelto parte esencial del movimiento, entre quienes destacan Joe Coleman, Mark Ryden, Robert Williams, Manuel Ocampo, Georganne Deen y los Hermanos Clayton. 

Sin que medie método científico, Viner produce instantáneas cromáticas de la evolución de las especies después de que la tecnología, el consumismo y los mass media se erigieron como ídolos de la cultura popular. Sus cuadros tienen un propósito estético pero también expresan verdades axiomáticas. Y su pintura como ejercicio indagatorio de las conductas desemboca en sociología, involuntariamente. El escritor Michel Houellebecq explica en Las partículas elementales que gran parte de la cultura occidental mutó del movimiento hippie a nuestros días con asombrosas vueltas de tuerca. No sería arriesgado afirmar lo mismo del underground respecto a los productos culturales vigentes. El cómic es el mejor ejemplo de entretenimiento, crítica social y gráfica exuberante. Con el lowbrow, Viner hace lo propio: activa el cerebro, seduce la pupila y aguijonea el ritmo cardiaco.

Viner propone una narrativa que el espectador perfecciona. Relata con finales abiertos narraciones ácidas; las escenas denotan reflexión, soledad, introspección y convivencia forzada  en ambientes urbanos. Su discurso es refinado en lo técnico y agridulce en el contenido. Pero la melancolía es la inspiración principal, el estímulo directriz, siempre.

–Christian Núñez
 

[Viner:
1/ Conduit of Dialogue, 24” x 36”, oil on panel, 2007
2/ A discerning youngster 24” x 36”, oil on panel, 2008]