16.8.13

Todog



 Todog

Diagnosticado de esquizofrenia paranoide agravada por un trastorno obsesivo-compulsivo, Rodrigo de Souza Leão publica en 2008 Todos los perros son azules, su última novela, y fallece meses después. Además de escribir, pintaba y era músico —uno de esos artistas del tipo Henry Darger, Sarah Kane o Leopoldo María Panero, geniales en su delirio, marginales con un sentido vertiginoso de los límites y el borde. La obra en cuestión aserrucha el lenguaje en 4 secciones que brillan más por el ritmo y la construcción de un idioma propio que por la estructura narrativa. Veremos desfilar amigos reales e imaginarios, grillos y chips conspiratorios, familiares del protagonista, enfermeras de culos exquisitos, perros azules de peluche y poetas franceses malditos. Veremos también cómo se crea un idioma universal absolutamente incoherente, recordando a Panero cuando afirma que la poesía no es más que la creación de un lenguaje autóctono, un sistema de citas sobre citas, un palimpsesto. Veremos a un hombre gordo sentirse degradado, pero alegre, dispuesto a predicarle a los punks que Todog está ahí, esperándolos. Todog morten Todog livus. Y veremos cómo, en cosa de cien páginas, pasamos las hojas como si cambiáramos de personalidad, en una sucesión de imágenes a veces humorísticas y otras brutales, como la crueldad de los niños que degüellan insectos. Leeremos delicias escatológicas. Platos fuertes. Obscenos. 

«Imagínate si hubiera un loco que fuera una paloma. Iría volando y defecando por allí. No habría más calva de abuelo, vidrio de coche, sombrero o gorra sin mierda incrustada. Pero los locos no vuelan, hacen su mierda parados. A veces se embarran todos.» 

A su manera, los saltos temáticos del autor brasileño, sus expresiones terribles y desaforadas, las situaciones en las que se desarrollan los hechos mentales y el estilo flexible/chicloso de su prosa remiten a la primera novela de Reinaldo Arenas, Celestino antes del alba, y vagamente a El desbarrancadero de Fernando Vallejo, una mezcla de Adventure Time y 4.48 psicosis con música de Fangoria. Si la locura fuera un refresco, Todos los perros son azules sería el slogan perfecto, y Rodrigo de Souza Leão el gerente de marketing más estrambótico. Pero está muerto, y este, su último libro, podría significar un epitafio agridulce, ni trágico ni doloroso, no más que la vida real, no más que una telenovela, un gol absoluto. La cosa está en dejarse maravillar por la envoltura de chocolatina de sus alucinaciones, morderla en cuatro bocados, limpiarse los dientes con la lengua de su extraño esperanto para enfermos mentales, y chuparse los dedos. 

«No soy nada, Rimbaud. ¿Quieres un cigarro?
Nunca seré nada. No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todas las medicinas del mundo.»

Uno de estos días los perros azules recitarán a Pessoa. Pessoa-Todog-Beckett-De Souza Leão. Van a venir, van a ladrar, van a echarse a nuestros brazos desde un sexto piso. Van a ser abrazados por Francis Bacon. Van a huir del manicomio. Enhorabuena.

–Christian Núñez


Todos los perros son azules
Rodrigo de Souza Leão
Traducción de Juan Pablo Villalobos
Sexto Piso, 2013

Publicado originalmente en Origama [15.07.2013]