CONEJOBELGA

29 noviembre 2013

THE CONTAINER COLLECTION, Ciudad de México




 THE CONTAINER COLLECTION, Ciudad de México


THE CONTAINER COLLECTION se presentará el próximo martes 10 de diciembre a las 7 de la noche en el Cine Lido del Centro Cultural Bella Época / Librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica [Tamaulipas 202, colonia Condesa, Ciudad de México]. En el evento conoceremos el libro arte/objeto 001 titulado landings new art + ideas from the caribbean and central america 2000 / 2010 publicado por five-o-one art projects + image factory art foundation  de Belize.

Las 464 páginas de este libro intercalan textos multilingües [español, inglés y mandarín entre los múltiples idiomas que hablan las decenas de artistas, escritores y pensadores de arte que han formado parte del proyecto landings durante su 10 años] y están ilustradas con 501 imágenes. El centenar de participantes que integran landings son de 20 nacionalidades y provienen de 3 continentes: la mayoría son jóvenes que cuando se integraron promediaban los 25 años de edad.

Este libro, considerado como la caja negra de landings, es el primer tomo de esta nueva etapa post-landings registrado como THE CONTAINER COLLECTION, ofreciendo un escaneo sobre este proyecto dirigido por Joan Duran.

La presentación del libro estará a cargo de Luis Felipe Ortega, Marisol Rodríguez y Eugenia Montalván. Joan Duran será el moderador.

Asimismo, se proyectará el Flip Coin Two Video, dinámica derivada del trabajo de equipo en su entorno real.

Como tercer acto, habrá una sencilla muestra [hasta el 20 de diciembre] de 35 páginas sobreimpresas del libro, rescatadas de la imprenta, tituladaˈärtәfakts, en la Galería Luis Cardoza y Aragón, del mismo centro cultural.

THE CONTAINER COLLECTION es el primer capítulo que introduce al espectador a un vasto universo de personajes y situaciones incomprensibles pero de una lógica interna aplastante, así como cientos de historias que constituyen un bloque puro en el arte de la región del Caribe, Centro América y Yucatán.

Entrada libre.
Ciudad de México, 27 de noviembre 2013




 

25 noviembre 2013

Catulo intertextual. Entrevista con Marco Antonio Murillo

  
Catulo intertextual
Entrevista con Marco Antonio Murillo
  
Marco Antonio Murillo publicó en 2013 Muerte de Catulo, por segunda ocasión, bajo el sello Rojo Siena. El libro recrea la figura de Cayo Valerio Catulo y es un ejercicio de intertextualidad donde otros poetas —Ernesto Cardenal, Vicente Quirarte, Rubén Bonifaz Nuño— y el autor mismo convergen sin aparente contradicción. Murillo organiza su imaginario a partir de la literatura y bajo la manga encuentra referencias disímiles, como los cómics y los videojuegos. El resultado final, no obstante, se revela limpio y de una claridad verbal insólita. conejobelga lo contactó a través de Facebook para sostener con él una plática más bien mundana sobre el oficio del poeta en la época actual. –Christian Núñez


Marco Antonio Murillo (Mérida, Yucatán, 1986) actualmente cursa la maestría en Creative Writing en la Universidad de El Paso, Texas. Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos 2009. Premio de Ensayo de Crítica Universitaria (CONARTE) y segundo lugar en el Premio Regional de Poesía José Díaz Bolio, ambos en 2011. En 2013 fue campeón del torneo exprés de poesía Verso destierro, realizado en Campeche. En la revista digital Círculo de poesía publicó Las formas de la nube: Antología de poetas yucatecos nacidos en la década de los ochenta. Autor del poemario Muerte de Catulo (El Drenaje 2011, Rojo Siena 2013). Fue incluido en el libro En la orilla del silencio: Ensayos sobre Alí Chumacero (Tierra Adentro, 2012). Actualmente es editor de la revista bilingüe Río Grande Review.


Marco, de pronto escribes un poemario llamado Muerte de Catulo y haces un flashback de varios miles de años para alejarte de tu contexto, de tu zona de confort literaria. ¿Por qué? En realidad ni ahora ni cuando escribí Muerte de Catulo me sentí fuera de mi zona de confort. Pienso que hay dos clases de poetas, y los dos son igual de buenos y se pueden barajar entre sí en una misma personalidad: aquellos que traman su poesía a partir de sus vivencias, y aquellos que recurren a sus lecturas. Conmigo el asunto fue un 40 por ciento de lo primero y un 60 por ciento de lo segundo. Catulo, la poesía de este romano, es una poesía que ha sido reproducida muchas veces: pienso en los Epigramas de Cardenal, la primera parte de Teatro sobre viento armado de Vicente Quirarte, El poeta regañado por la musa  de Héctor Carreto, la poesía de Bonifaz Nuño, etc. En el 2009, que fue el año en que me tocó iniciar la escritura del libro, esas obras eran los que me encontraba leyendo, y naturalmente el producto final fue consecuencia y respuesta de esas lecturas. En Muerte de Catulo el lector tiene el acceso a muchas intertextualidades, citas y diversos guiños sobre la poesía de estos autores. El otro 40 por ciento que te comento se trata de experiencias personales que tuve la fortuna de vivir, y una valoración de lo que en ese entonces pensaba que era la poesía, y cuál su utilidad en la sociedad y en la vida del autor. Cada poema que escribí fue una sutil respuesta al contexto que me tocó vivir.

¿Quién es Catulo? ¿Cuáles fueron las razones que te llevaron a trasponer tus preocupaciones en esta figura histórica, que además dedica poemas de amor a una mujer casada? Catulo representa para mí dos cosas: al amante cuya fuerza es capaz de trascender, y al mismo tiempo, al artista cuya obra no termina de cumplirse. En ese sentido, la poesía de Catulo, en tanto voluntad de consumarse en amor, es una poesía fracasada. Canto y contracanto al mismo tiempo. En 2009 yo tenía 23 años y me sentía muy joven, no pude haber escrito otra cosa a esa edad. Por otro lado, no creo que Lesbia haya sido una sola persona, yo creo que fue un harem al que Catulo dejó de tener acceso en el mejor momento de su vida. La imagen de ese harem se ha ido desbordando a lo largo del tiempo, a tal punto que se ha vuelto lugar común: ¿Qué poeta no ha dedicado algún librillo a su novia? Yo lo hice aquella vez, no lo recomiendo mucho.
 
En tu obra se revela cierto pudor a lo explícito, al aspecto escatológico del acto amoroso. ¿A qué se debe esa voluntad demasiado educada de componer tus versos? Se echa de menos un orgasmo, una buena cogida. Digo. Ahora que mencionas esto, recuerdo una escena de La rosa púrpura del Cairo de Woody Allen: uno de los personajes se queja de que cuando se va a besar con su mujer, todo se oscurece, y no puede consumar la relación en el acto sexual. En uno de los primeros borradores de Muerte de Catulo, había poemas en los que el sexo aparecía explícito, de hecho recuerdo alguno en donde después del sexo Catulo se enteraba que Lesbia era lesbiana. Decidí quitarlos a favor del erotismo, preferí no decir sino sugerir, y que los espacios que pude haber llenado con mis experiencias, el lector los llene con las suyas. Entonces, el sexo aparece, sí, pero siempre implícito (excepto en los poemas I y II de la segunda parte, creo yo). Por otro lado, pienso que hacer el amor en la vida y en los libros, es todo y nada (los franceses llaman al orgasmo la pequeña muerte); lo es todo porque es una plenitud, y es nada, porque no aporta mucho a la trama de una vida. El sexo sirve para sellar el deseo. Los pleitos, las reconciliaciones, los insultos, las palabras hermosas, los paseos por el parque, las suertes de dos equilibristas,  cosas que son verdaderos motores de una relación, ocurren antes y después del acto sexual. En Muerte de Catulo los personajes siempre están viviendo los momentos previos o posteriores al sexo, siempre están en un movimiento constante; y si hacen el amor, si cogen, si se aman, lo hacen tras bambalinas.

También recurres a citas y fragmentos de otros poetas, como Ernesto Cardenal, ¡e incluso te mencionas como autor de un libro de poemas de Catulo! De entrada se percibe un ánimo intertextual, metatextual, ¿es así? Así es. Como ya te había dicho antes, en Muerte de Catulo el lector puede acceder a las lecturas que me encontraba haciendo, y que hice posteriores a aquel lejano 2009. De hecho, Cármenes, la tercera parte del poemario, es por un lado la materialización de ciertas partes de mi proceso creativo para con este libro en específico, y por otro, un homenaje al intertexto y al metatexto, que son bien típicos de la posmodernidad. Ejemplo: En el poema II de esta sección decidí jugar a ser ocioso y hacer un poema a partir de varios versos de poetas que más me han llamado la atención, los puse a luchar en un soneto en prosa que llamé Coliseo. En el poema III Catulo y Lesbia se encuentran quemando los poemas que se plagió el bardo romano. En el poema IV descubrimos que en realidad Lesbia era la poeta que había escrito los poemas de Catulo. Toda obra proviene de una anterior. ¿Por qué no poner en evidencia todas las pistas que permitan dejar en claro la relación?

Es un problema frecuente el hecho de que, en tanto el escritor profundiza cada vez más en sus temas, sofisticando su obra, aleja de sí al lector incipiente, que ni siquiera está entrenado para apreciar los textos más básicos. ¿Cómo contrarrestar este fenómeno? No pienso que sea correcto contrarrestar este ciclo que hoy vive la poesía. Cada poeta, y cada obra, responden a su propio contexto, ofreciendo una visión muy particular de él; tratar de contrarrestar este fenómeno que bien pudiera ser similar al del arte por el arte, sería privarnos de una muy particular verdad sobre el mundo. La tarea del poeta siempre ha sido la misma, y hoy no ha cambiado: hacer su arte lo más sincero posible, saber y aceptar que uno no escribe lo que quiere, sino lo que puede. Por otro lado, es muy difícil que la poesía permita el acercamiento de lectores incipientes; siempre necesita, si se desea disfrutar plenamente, de un lector específico que pueda interpretar aquellos vuelcos, juegos, replanteamientos de lenguaje que cada autor propone; vaya, se necesita de un buen lector para realizar concretamente esto que Octavio Paz comenta: Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba dentro. Incluso la poesía más “coloquial”, Nicanor Parra por ejemplo, no es una poesía para novatos. El lector incipiente debe ir acercándose poco a poco a la poesía, no el poeta buscar la forma de “hacer más entendible” su obra, porque ello equivaldría a cambiar su estilo (con el fin de agradar) y traicionarse. El lector que en el camino abandone la poesía no la va a extrañar, total, no iba a ser parte de su vida, de sus intereses. En ese sentido, la poesía es como las cosas de la vida, a unos les interesa y a otros no. No morirá, ni será mejor o peor, con un lector más o uno menos.

¿Podrías mencionar algunos de tus versos y hacer comentarios al respecto? Más como un ejercicio de empatía hacia el lector que como un deslumbrante autoanálisis de autor plenamente consciente de su oficio. Los versos que más me gustan (quise decir líneas porque están puestas en prosa), son los siguientes: El sol se pone cada tarde y sale al día siguiente, pero nosotros cuando se nos apague la vela, dormiremos una noche sin fin. Pienso que son las mejores palabras que cualquier lector pudiera encontrar en Muerte de Catulo, tienen más de 2000 años de antigüedad y siguen conmoviendo. Son bien frescas, pertenecen a Catulo (no me acuerdo del nombre del traductor), y aparecen en dos momentos en el poema, reflejando esa voluntad de intertexto que guía todo el poemario. La primera vez que aparece es en la voz de Catulo, diciéndole a Lesbia que ha tomado prestadas esas palabras de alguna parte, y se las ha dedicado. Él tenía ganas de decirle mucho a ella, y muy cobarde o muy inteligente (¿Quién no ha dedicado a su novia un poema que no era suyo?), decidió declararle su amor con palabras ajenas. La segunda vez que aparece (casi al terminar el poemario), es en circunstencias similares: Catulo confiesa que su amada era mejor poeta que él, y admite que aquellas líneas las “tomó prestadas” de ella. Algo verdaderamente irónico si pensamos que Lesbia pasó a la historia gracias a las palabras de Catulo.

Además de las letras, ¿qué haces en la vida diaria? ¿Es la vida diaria estimulante para ti o de plano prefieres buscar tus referentes en otro lado? No suelo escribir mucho: llegar a la versión definitiva de Muerte de Catulo me tomó casi 3 años. Tambén puedo decir que leo lo que me interesa leer. Las letras no son mi vida, sino parte de ella. Me gustan los videojuegos (sobre todo los RPG’s, los de la serie de Zelda, y los de peleas). Si en algo han servido a mi poesía, es en el interés de la imagen como portadora de la fuerza del poema, y en el hecho de contar a lo largo de un poemario una historia dividida en muchas partes o poemas. Mi nuevo libro de poemas (inédito), cuyo tema es el mar y el mascarón de proa, nació a partir de jugar The Legend Of Zelda Wind Waker. También acostumbro a encontrar ideas para mis poemas en conversaciones con mis colegas o amigos, y en las lecturas que hago, no sólo de poemarios, también de cómics, cuentos, novelas, el periódico, etc. Ahora estoy estudiando un Máster en Creative Writing en la Universidad de Texas, en El Paso, y el choque multicultural gringo-mexicano norteño, y el hecho de que me la estoy pelando al tratar de comunicarme en inglés, me están dando ideas para un nuevo proyecto de poesía, o por lo menos para escribir algún ensayo al respecto. Ya veremos qué sale de todo esto.

Hay poetas que escriben para otros poetas, que en cierto modo esperan la palmadita generosa en la espalda y se habitúan a vivir de los halagos del gremio. ¿Qué opinas de esa extraña conducta demasiado humana? Es una forma falsa (y rápida) de hallar el reconocimiento, de posicionarse en el panorama nacional. Pero esto siempre ha pasado, y seguirá pasando: aquel poeta central escribe de esta manera, y habrá poetas que lo intenten imitar para recibir algo de sombra de su parte, o por lo menos alguna buena sonrisa cual carta de recomendación. Así como cada persona tiene su propio carácter, que es irrepetible, así cada poeta tiene su propio estilo. Imitar otro estilo es traicionar la personalidad de uno mismo, ir en contra de la originalidad que debe gozar la obra de arte. En México sucede esto demasiado, porque hay muchos poetas bien posicionados y mucho poder y dinero de por medio. Además que muchos talleristas lo incentivan entre sus alumnos, con el fin de dejar tras de sí herencia literaria.

¿Cuáles son tus proyectos a mediano plazo? Comentarios finales. Actualmente en el país hay una urgencia de dar a conocer la poesía que se escribe en el sureste mexicano. Los grandes premios y becas literarias las están ganando en su mayoría los escritores que viven en el centro y norte del país. Esto no refleja que la escritura de este u aquel otro lado sea mejor o peor, sino cierta preferencia de estilos, producto del desconocimiento literario de lo que se hace en el sureste. Nombres como Jeremías Marquines, Álvaro Solís, Rodrigo Balam, son algunos de los que se han salvado de esta condición centralizadora. Para intentar contrarrestar esto, me he propuesto junto con mi colega Jorge Manzanilla la elaboración de dos antologías de poesía, una a nivel local y otra a nivel regional. La primera ya está lista, tentativamente verá la luz hacia mediados del siguiente año, consiste en la reunión de algunos poemas de 11 poetas yucatecos nacidos en los años 80. En la otra, que será más compleja, intentaremos abarcar los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo, además de repetir con Yucatán.
   
Muerte de Catulo
Marco Antonio Murillo
Rojo Siena, 2013
 
Contracanto

Nadie imaginaba que su poesía iba a reconstruir los muros y las estatuas después del incendio. Nadie imaginaba que con ella sería posible castigar a todos aquellos que amaran más allá de las leyes y el amor.

Pobre Valerio Catulo, ahora que estás muerto y eres aplaudido por todo el senado; ahora que los más grandes pensadores hablan de ti en sus orgías, no puedes defenderte de tu propio canto. 


Las palabras y el fuego

Lamento haber escrito aquellas palabras sobre mi pueblo, incapaces de romper una cuerda o desnudar a una muchacha.

Mi único consuelo es que mi obra ardió al lado de la mujer del César, la misma noche en que mi barco zarpaba al exilio.

En lugar de escribir la hubiera amado con mayor fuerza: algo de mí en la hoguera tal vez sobreviviría.
  
 Foto: Cortesía Marco Antonio Murillo.
     
Publicado originalmente en Origama [22.11.2013]


14 noviembre 2013

Momentos UTA



Momentos UTA
Christian Núñez

Sobre la calle Donceles, en el centro de la ciudad de México, se encuentra el UTA Bar. Nuestro Virgilio particular nos lleva de la mano por sus distintos niveles, círculos de patetismo.
 
Conocí a Tom Stardust en Creativo Pérez. Al principio me caía muy mal. Un hipster que negaba serlo —gafapasta, barba y porro— y bromeaba a propósito de nada con chistes imbéciles. Un año después lo espero a la salida del metro Isabel La Católica, a las diez de la noche, sin frío ni calor, pero con la vaga sensación de que podría no llegar. Antes de venir al DF, salíamos al patio de la agencia y fumábamos dos o tres cigarros, y poco a poco nuestras miserias sentimentales se alineaban de forma grotesca. Un día le conté que en la Moleskine negra que le había regalado a mi ex novia encontré una postal dirigida a un ex novio, quien en ese momento se encontraba estudiando su maestría en España. La postal decía: Voy en camino. Fue como haber encontrado un trozo enorme de mierda. Por esas fechas, Tom se había involucrado en el místico mundo de la Diksha —una forma de meditación a través de energía positiva que abre la conciencia— y me invitó a una sesión. La pasamos bien, pusieron música oriental, encendieron incienso y cerramos nuestros ojitos para recibir la energía buena onda de los diksha-givers. La noche que murió mi abuela, llevaron un pastor evangelista a su casa, le habló de los peligros del infierno si no cambiaba de religión —mi abuela agonizaba hundida en su catolicismo— y pues yo, en mi desesperación, le agarré las manos a modo de diksha-giver. Falleció una semana después, y desde entonces me visita en sueños.
Tom vino a la capital después de renunciar a Creativo Pérez, como varios de nosotros. Lo invité al UTA, un antro de tres pisos que sólo había visitado en una ocasión. Aquella vez había muchísima gente y el lugar me pareció una versión chilanga del infierno de Dante. A modo de círculos, las habitaciones recrean un estilo sonoro en concreto; lo mismo podías oír ska que electrónica de los ochentas, con la sorpresa de encontrarte a quince metaleros dando brincos en la habitación de enfrente. Esa noche fui con Cristina y Charly Brown, un escritor que estudiaba la maestría en Literatura en la UAM, a su vez compañero de FiuFiu, una nenaza con quien había salido el año pasado. La verdad es que con FiuFiu las cosas se tornaron extrañas y terminé diciéndole que era misógino. Después del episodio Moleskine, mi autoestima se había vuelto una Magitela apestosa. FiuFiu se enojó bastante, me borró de sus contactos en el Facebook y jamás osó dirigirme la palabra, salvo para decirme: si sigues así, te vas a quedar solo, solo, solo . Desde aquí te mando un saludo, FiuFiu. Pero decía, aquella vez el UTA me dejó muy prendido. Cristina y Charly Brown no eran novios, nada más estaban viendo qué onda, y pues yo había recibido la maldición gitana de FiuFiu, por lo que prácticamente conformábamos un trío curioso. El DJ pinchó tres toneladas de música ochentera y saliendo de allí, nos lanzamos al Dos Naciones, un bar de ficheras que abre las 24 horas.



Veo a Tom Stardust cruzar la calle y me saluda efusivamente: Dude, no podía entrar al departamento, fui a comprar un Head & Shoulders y dejé olvidada la llave, tuve que llamar al cerrajero, el hijo de puta me cobró 300 pesos, no mames, me quedé sólo con 15 varos. Luego me comí un ácido y me acosté a dormir. No mames, dude, tengo que contarte, hace poco estuve saliendo con una bartender, fuimos a cenar y nos quedamos platicando hasta muy tarde, luego nos pusimos a fajar en la calle, me llevó a un parque y pasamos por una iglesia, ¡cogimos en la iglesia, dude!, cumplí una de mis fantasías, y la otra es que después ya no me contestaba las llamadas, hasta que un día le llamé y me dijo que era lesbiana. ¡Cogí en una iglesia con una lesbiana, dude! Le dije que no había pedo, que de todas formas podíamos ser cuates, me subió la autoestima, creo que soy muy guapo. Ahorita estoy saliendo con una morra de veinte años, no estoy enamorado pero se mueve bien, me dijo que somos novios aunque yo jamás le pregunté si quería ser mi novia, al rato te muestro sus fotos. Etcétera. Tom y yo compramos en el UTA dos litros de cerveza y nos sentamos justo a un lado del círculo del infierno del ska. Oímos algo de Café Tacuba, y le pregunto qué le pasó a Búfalo Amarillo, un amigo que falleció recientemente. No sé, dude, me avisaron que estaba entrenando box, le dieron un madrazo en la cabeza, y cuando llegó a su casa tuvo un derrame cerebral.
Búfalo Amarillo es el segundo amigo que muere este año. Musicologist Schizoid Man falleció antes que él. Tenía sida y, tras una serie de complicaciones, sus padres se hicieron cargo de los trámites funerarios. Nadie quiso acompañar al papá al crematorio. Sólo un cuate que había viajado a Mérida en esos días. Me lo contó en un Salón Corona, a su regreso. A Musicologist Schizoid Man le hubiera gustado el UTA. También a Búfalo Amarillo, que era DJ. Tom y yo subimos a una terraza y hacemos cálculos para seguir la fiesta en el departamento donde vivo, a tres cuadras del Colegio Militar. Un chaval rubio con malla negra deportiva, tenis Nike y blusita de encaje color arena se mueve frenéticamente y nos mira de reojo. Es el triunfo de la revolución. Quiero recordar este momento UTA, grabármelo en la frente como un 666 trasnochado y descreído. Sus paredes con gatitos grises, las cruces de madera diabólicas y los epígrafes siniestros como citas del Necronomicón. Su iluminación inspirada en alguna película de Jodorowsky. Los personajes vestidos de negro que danzan lacónicamente después de dos cervezas. La señora gorda que vende Fritos y chicles juntos a los baños. Quiero alimentarme del UTA como la mancha voraz de Stephen King. Lestato, mi dealer de la Frikiplaza, me envía un mensaje; dice que ahora se dedicará a los trucos de magia, el mentalismo y la hipnosis. Ya está practicando. Tom regresa de orinar y bajamos hacia la salida.




Dude, Anfibio quedó en marcarme, fue a un concierto de Crystal Castles, ¿no hay pedo si se queda en tu depa? No hay bronca, le digo. Dude, si ves que hablo dormido, no te vayas a malviajar. Dos horas más tarde, Anfibio nos cuenta sus aventuras en torno al perico, me explica que Albert Hofmann vivió 102 años y el éxtasis te pone cachondo. Vas a querer frotar tus pezones con piedra pómez, razona filosóficamente. A las cuatro de la mañana, salimos en busca de más alcohol. Tom orina contra un árbol en plena avenida. Una patrulla nos sigue. Lestato se asoma entre los arbustos: DF is not for pussies!, me grita. O algo así.

 
 Imágenes: Cortesía Rebeca Martell.

 
Publicado originalmente en La Ciudad de Frente [14.11.2013]


10 noviembre 2013

Beckett por dos



 Beckett por dos
 
Estrenada en 1961, Los días felices retrata la vida de Winnie y Willie, una pareja de cincuentones atrapados en un mundo cruel, aparentemente vacío y estéril, esperando el paso del tiempo. Colectivo Escénico El Sótano + Síndrome Belacqua presentan esta pieza teatral de Samuel Beckett durante el mes de noviembre en la ciudad de Mérida: una excelente oportunidad para acercarse al universo del autor irlandés mediante dos ópticas distintas. Sus respectivos directores, Bryant Caballero y Ulises Vargas, respondieron nueve preguntas, que a continuación reproducimos. –Christian Núñez
 
¿Cómo surge la idea de trabajar sobre una misma pieza con dos versiones distintas?
Bryant Caballero (BC): Surge como una inusual coincidencia. Por motivos distintos y de manera aislada, ambos directores tuvimos la iniciativa de montar Los días felices. Iniciados nuestros procesos, nos enteramos de lo que el otro estaba planeando. Con el paso del tiempo, al ir tomando conciencia de que estaríamos teniendo dos montajes de la misma obra en la misma ciudad y de lo peculiar de tal situación, decidimos reunirnos y, entonces, construirle un sentido a la coincidencia. De ahí nace Variaciones sobre Beckett: Los días felices. El proyecto aspira a desbordar la experiencia por fuera del tiempo y el espacio de la función.

Ulises Vargas (UV): Y para que ninguno se quedara con las ganas, decidimos aplicar como un díptico a la convocatoria del Fondo Municipal para las Artes Escénicas y la Música 2013, y el proyecto fue seleccionado.


Considerando a Beckett un autor poco complaciente, políticamente incorrecto, y que además exige cierta penetración filosófica, ¿por qué elegirlo? 
BC: Me permito diferir. Creo que la dimensión filosófica es complicada y profunda. Sin embargo, no considero que la lectura de un espectador tenga que pasar necesariamente por ahí, o al menos no desde una lectura filosófica como la academia pueda entenderla, sino como una revisión interior del lugar que cada uno ocupa en la realidad. Y eso, al final, es filosofía, individual y empírica, que no exige conocimientos previos, o sí, pero los de la experiencia únicamente. La complacencia y la corrección política, por otra parte, son males que nos aquejan y —coincidiendo con tu señalamiento— es precisamente por ello que interesa escuchar a Beckett.

UV: A Beckett, aunque ya lo había leído, llegué de rebote después de haber trabajado y estudiado la obra de Sarah Kane. En ambos existe una densidad de tradiciones literarias y artísticas que me parece fabulosa, me gusta perderme en ella, aprender y dejarme tocar. Tanto Kane como Beckett conocían muy bien la raíz de la que provenían y por ello pudieron crear algo nuevo, un estilo, si se le quiere llamar así. Considero que el mejor teatro, el mejor arte, como la filosofía, no puede ser inofensivo. Así es Beckett, te coloca en una encrucijada pero además te conmueve. Te hace (re)pensar y sentir. No me parece estar en un punto en el que pudiera decir que lo he absorbido o que facilitaré el acercamiento del público a su obra. Creo que, cada día, durante cada ensayo y cada función, algo se me manifiesta, así como algo se manifiesta a los actores y algo se le manifestará a cada espectador.

Por otro lado, en Mérida se han realizado varios montajes que dialogan con el universo beckettiano —Del principio al final, Aguantando al taquero, Riñón de cerdo para el desconsuelo, entre otros—, y tanto Bryant como yo quisimos presentarle al público un texto muy representativo de él, aunque cada uno utilizó diferentes traducciones.  


¿Cuál es la vigencia de Los días felices? 
BC: Su vigencia es eterna. Su abstracción metafórica, propia de los discursos absurdistas, está llevada a tal punto en esta obra que no es posible situarla sino en el presente, siempre.

UV: Creo que la vigencia radica en que indaga en procesos profundamente humanos, desde las relaciones interpersonales hasta los procesos existenciales de cada ser. La obra nos presenta a una mujer que es testigo del deterioro del mundo y del de su propio sistema fisiológico y mental, en el cual el lenguaje ya no comunica sino que sirve como ancla para la existencia. Los personajes (las voces, diría Beckett) están al amparo de un Dios incierto, ocurrente y cuya obra es en sí un mal chiste. Es un paisaje desolado (el desierto bíblico al que hace referencia Winnie y que en realidad es uno mismo) en el que el tiempo y el espacio perdieron el sentido y la realidad se presenta como una repetición incesante de fragmentos. 


¿En qué difieren sus versiones?  
BC: Son distintas en todo, salvo en el texto. Empezando porque en ambas versiones se partió de traducciones distintas, con directores, repartos, espacios escénicos/creativos e imagen publicitaria diferentes. Existen sin embargo una serie de “guiños” colocados a propósito que señalan la otra versión, citas que pretenden generar lecturas cruzadas. Ambos directores tuvimos varias sesiones de trabajo para encontrar la forma más inteligente de vincular las dos producciones.

UV: En mi caso, me interesaba realizar una lectura desde las relaciones de Winnie con sus objetos ("las cosas tienen vida") y con la repetición del tiempo reflejada en el espacio. También me enfoqué mucho en el sonido, ya que abordamos el texto como una partitura. Nuestra meta es ofrecer una experiencia sonora en la que nuestra Winnie converge con las Winnies de otros montajes alrededor del mundo, en diferentes idiomas y, por supuesto, con la Winnie del Colectivo El Sótano. 


¿Es desalentador el universo beckettiano? 
BC: Los mundos beckettianos son estériles, desolados, oscuros, postapocalípticos, despojados de humanidad, y la inmediata sensación que producen es de desaliento y tristeza. Sin embargo, a medida que se va uno adentrando en el universo de cualquiera de sus obras, la lectura se tornará optimista. Aun en esos estados de profunda depresión y miseria, el humano late, vive o al menos lo intenta. El intentar una y otra vez, a pesar de que todo conspire para que desistas, es un grito de alegría por sabernos resilientes.

 UV: Sí, lo es [risas].


¿Cuáles fueron las particularidades durante su proceso de trabajo? 
BC: Supongo que al interior de Síndrome Belacqua deben tener muchas anécdotas que desconozco. En cuanto a lo que ocurrió en El Sótano, tal vez lo más relevante fue la errancia. Hubo 5 personas que pasaron por el proyecto y no permanecieron. Si me remonto en el tiempo, incluso podría decir que ni siquiera iba a ser ésta la obra a montar, sino una de Paul Auster que tempranamente escribió bajo inspiración beckettiana, y en cuyo proceso leímos al propio Beckett para entender la influencia, y entre las obras leídas estuvo Los días felices. Aquel proyecto no se concluyó, pero de alguna forma esta puesta en escena es continuación de lo mismo.

UV: Por mi parte puedo decir que ha sido una tortura [risas]. La verdad es que, en mi ignorancia, mi primer impulso al transcribir el texto fue quitarle las acotaciones pero al leer una y otra vez me di cuenta de que sería un error garrafal ya que cada acotación es una acción que detona sentido pero además construye ritmo. Beckett es un genio maquiavélico, te puedo decir. Hizo una máquina muy compleja, casi perversa, pero por lo mismo esférica, real. El equipo tenía muchas ideas sobre cómo resolver (espacial, actoral y musicalmente) la obra, pero poco a poco dejamos que ella nos oriente.  


Beckett establece una relación dialéctica entre el deseo de callar y la necesidad de seguir hablando. ¿Cómo se logra transmitir esa complejidad a nivel escénico?
BC: Quien lo transmite en primera instancia es el propio autor, en la voz de Winnie, cuyo discurso encierra mucho de esa contradicción. Por nuestra parte, optamos por trabajar con la idea del precipicio, no como algo plástico con presencia física en el escenario sino como imagen interior, desde donde situamos al personaje. Cada diálogo emitido es producto de un desgarramiento, de un vaivén indeciso sobre aquella caída libre. Saltar o aferrarse se volvió la herramienta básica para la construcción de sentidos en el trabajo de la actriz, en quien se centra el 90% de la pieza. Los días felices prácticamente es un monólogo y el trabajo que tuvimos Ulises y yo con nuestras respectivas actrices, Xhaíl  y Mabel, fue íntimo e intenso. La obra obliga a la mirada interior, es una construcción desde las entrañas, donde el vacío se vuelve sustancia de trabajo; emociones límite, suicidio, desesperanza, los más horribles temores, todos juntos y condensados en Winnie, y lograr que eso se encarne fue el mayor de los retos. El trabajo con Willie fue más formal y plástico, uno más de los contrastes que la obra plantea entre aquella pareja.

UV: La paradoja que mencionas está depositada en el trabajo actoral de Xhaíl Espadas y Miguel Ángel Canto, quienes dan materia a las voces de Winnie y Willie. La idea ha sido, por una parte, enfocarse en la partitura ofrecida por Beckett y, por otra, construir a cada momento la relación entre los dos personajes. Sabemos que la comunicación no es el fin último del lenguaje en esta obra, sino la existencia. Winnie encuentra en el lenguaje el camino para llenar una existencia en la que la muerte no parece ser una opción, mientras Willie encuentra en el silencio la forma de "desaparecer". Por otro lado, creamos un dispositivo en el cual las cajas, los cofres de aquellos tesoros, cubren el "desierto". Las cajas son vestigios del tiempo, recuerdos (o lo que queda de ellos), en los que Winnie se va hundiendo. Después de analizar el texto y dividirlo en secuencias, creamos una estructura muy sólida en la que Xhaíl y Miguel establecieron secuencias de acciones, cada uno trabajando con la idea de una figura (el círculo para Winnie, la línea para Willie) y una vez creada esta estructura (casi coreográfica) dejamos que se moldee por las relaciones, la densidad de los pasajes y el ritmo. Cabe mencionar que esto funcionó para el primer acto porque para el segundo, en el cual el movimiento se reduce al gesto facial, Xhaíl trabajó a partir de un estado casi de trance provocado por la posición en la que se encontraba, el estado del personaje, las imágenes y los sonidos.


Harold Pinter ha escrito sobre Beckett que "es el más valiente e implacable de los escritores, y cuanto más me hunde la nariz en la mierda, más agradecido le estoy." ¿Qué nos sigue aportando su obra?
BC: Un poco de eso mismo, junto con otras muchas cosas. La mierda ahí está y es adictiva, en buena parte porque siempre nos ha gustado lamernos las heridas. Y sin embargo, no hay concesiones en la dramaturgia de este autor. A pesar de ello, nos dolemos de nuestra miseria, pero creo que vale la pena mirar a este clásico contemporáneo desde otros ángulos, el estético por ejemplo, porque por absurdo que parezca, pocas veces se le mira desde ahí, hay la necesidad de pasar por ahí para rápidamente llegar al plano filosófico, como si la ficción creada fuera el puente para hablarnos de otra cosa. Y es verdad, eso ocurre, pero también ocurre que los mundos que nos regala son fantásticos, mágicos, redondos, seductores, y que uno puede deleitarse sólo en su contemplación, en el goce estético que puede producir la maestría con la que delinea un personaje, la genialidad con la que nos induce a completar el caosmos del que proceden los personajes, aquello que no vemos ahí pero que intuimos, y no hablo de lo metafísico, sino de la ficción extendida más allá de la boca escena. El universo beckettiano es doloroso, en principio. Nunca es placentero mirar la nada, tomar conciencia de nuestra soledad, de nuestras miserias. También podría decir sanador, puesto que atravesar por esas dolorosas realidades nos permite aligerar su peso y andar más livianos. Y, por último, es gratificante.

UV: No sé cómo responder a esta pregunta. Tal vez podría decir que en mí genera mucha compasión. La compasión es un sentimiento que escasea, creo yo. Para mí ha sido muy intenso. Me pone al límite como director y como persona, y sé que para los actores también ha sido así. En muchos sentidos fue como caminar a oscuras.


¿Cuáles son sus expectativas sobre la puesta en escena? 
BC: Larga vida, básicamente. Derroteros imprevistos, públicos diversos, retroalimentaciones formadoras. Lo que se desea después de un año de proceso es cosechar frutos, lo cual en el teatro significa llegar a más gente y de forma más profunda y sensible.

UV: Yo creo que a ambos, tanto a Bryant como a mí, nos gustaría superar el morbo de "a ver cuál montaje es mejor" y provocar un nivel de reflexión no sólo sobre el texto, sino sobre el acontecimiento teatral. Por eso la importancia de las charlas-desmontajes que serán guiadas por creadores y estudiosos de las artes escénicas y el universo beckettiano.

Variaciones sobre Beckett: Los días felices es uno de los proyectos beneficiarios del Fondo Municipal para las Artes Escénicas y la Música 2013.


Variaciones sobre Beckett: Los días felices
Versión de Síndrome Belacqua
Reparto: Xhaíl Espadas y Miguel Ángel Canto
Dirección: Ulises Vargas
Del 01 al 21 de noviembre
20:00 horas
Olimpo. Auditorio “Dr. Silvio Zavala Vallado”

Versión del Colectivo Escénico El Sótano
Reparto: Mabel Vásquez y Bryant Caballero
Dirección: Bryant Caballero
Del 02 al 24 de noviembre
Sábados 20:00 horas
Domingos 19:00 horas
Tapanco Centro Cultural (47 x 68, Centro)

Costo: $50 (general) y $25 (estudiantes e INAPAM)

Las charlas-desmontajes serán:
Martes 12, 19 y 26 de noviembre
20:00 horas
Centro Cultural Olimpo
Videosala
Entrada gratuita


Publicado originalmente en Origama [08.11.2013]