24.10.14

MONO: El imperio del ruido




MONO El imperio del ruido
Christian Núñez


MONO es quizá mi banda favorita de post rock, a la que puedo regresar en cualquier momento, como cuando necesitas irte a la playa urgentemente, sólo para ver el mar. Esta agrupación japonesa no sólo tiene ese componente marítimo en sus atmósferas (algo que disfruto muchísimo), sino que sabe cómo construir estructuras simples y profundas a la vez, un tanto circulares, pero que te dejan sin aliento.  

En este ejercicio de ir conectando ambientes, veo la cara pálida de Shinji Ikari gritándole a su padre porqué lo ha localizado justo ahora, en el primer capítulo de Evangelion. Y cuando por fin acepta pilotar la unidad 01 contra el Tercer Ángel y entra en modalidad Berserk para devorárselo, pienso que ése es precisamente el efecto MONO: una mezcla de rabia, locura, despliegue de violencia y un delicado guiño de fragilidad.  


 MONO compone piezas de altos niveles musicales sólo para detonarlas furiosamente. Entre los escombros, uno aprende lecciones de vacío. Lo que encontramos en sus texturas parece más un memorial de los vencidos que una victoria épica. Persiste un tono de procesión fúnebre bajo el agua. De medusas eléctricas sin voz. Podría darse el caso, incluso, de distinguir a Wittgenstein al fondo.


 La intención es obvia: el crescendo, la disonancia, el palpitante uso de distorsiones y scratches; el shoegaze, en suma. Pero la forma en la que se despliegan estos majestuosos limbos de melodías lacerantes, con sus precisos momentos de calma antes de la tormenta, provocan una serie de asociaciones mentales cinematográficas. Ahí está el detalle, como diría Cantinflas: la música de Mono cumple una función catártica.

Hice una lista bastante larga de sus highlights, y entendí que a estos japoneses lo que menos les importa es entrar a la dinámica del sonido rudo pero altamente comercial, puesto que desde sus inicios han mantenido una trayectoria limpia de jugarretas. Si bien ello no es motivo suficiente para escucharlos, la última de sus placas —en realidad, un par de EP's— sería un buen pretexto para rompernos los tímpanos con elegancia.


 Sí, ahora que lo pienso mejor se trata de eso: de ruido elegante, de nihilismo sofisticado; un caos premeditadamente hermoso. Como cuando terminas de construir un edificio de lego y, por mero disfrute, grabas su destrucción con la cámara de tu teléfono. Lo cual, bien visto, no le hace competencia a las cadenas de noticias mundiales, mucho más ingeniosas a la hora de transmitir letanías cargadas de futuro.


 El disco doble de MONO The Last Dawn / Rays Of Darkness se vale de la dicotomía luz-oscuridad para evidenciar la curiosa paradoja del pesimista que necesita reforzar su amargura cada determinado tiempo. En este caso, asistimos a una representación nihilista cuya instrumentación despojada de arreglos orquestales nos remite a los primeros discos. Aunque ahora la ruta a seguir es más seca, y por momentos bastante lírica.

Éste es un mapa de estrellas que se cae a pedazos. No hay que perderlo de vista. Un hermoso paisaje cerca del fin. Cada disco de MONO repite la misma secuencia construcción-destrucción-apocalipsis-reposo. Uno podría sentirse como la rata que corre en la rueda infinita, dentro de un laboratorio abandonado a su suerte. Hiroshima y Nagazaki, a lo lejos.


 Quizá lo mejor de MONO sea la sobrestimulación neuronal que conseguimos al oír sus temas. Sus enormes y destructivos monstruos sonoros. La confusión es el Dios/la locura es el dios/la paz permanente de la vida/es la paz permanente de la muerte, dice Bukowski. Y luego: La guerra es la paz/la libertad es la esclavitud/la ignoracia es la fuerza, dice George Orwell. Me quedo sentado a llorar por eso.


En un mundo perfecto, Ellie y Joel, de The Last Of Us, escuchan a MONO mientras dejan atrás un pueblo lleno de zombis. Comentan los tracks que más les han gustado y se rascan la cabeza: The Land Beyond Tides / Glory; Recoil, Ignite; Cyclone, y The Hand That Holds the Truth. No es posible dejar de percibir un tono político en este disco, o quizá la situación en México sea demasiado grave como para emitir un juicio más neutro.

Como sea, la violencia rinde frutos.