CONEJOBELGA

25 abril 2014

Guadalupe mon amour




 Guadalupe mon amour
Por Christian Núñez
   
 El culto a la Virgen de Guadalupe existe en México incluso antes y después del 12 de diciembre, cuando parece inofensivo. Pero el fervor de quienes la visitan diariamente resulta una de las fuerzas más poderosas de nuestro país, como atestigua una visita a la basílica.
 
Sábado caluroso. De camino a la basílica de Guadalupe, un niño vestido con una sencilla playera de algodón y un pantalón de leopardo junto con su madre se introducen al vagón en el que viajo sentado, al ritmo de Intimate de Crystal Castles. Los observo de espaldas. La señora es robusta y viste un traje sastre negro; lleva un bastón. En la siguiente parada de la línea roja del metro, Deportivo 18 de Marzo, me doy cuenta de que son ciegos. Entre gritos y empujones, el niño ríe con los ojos rasgados hacia el infinito. Pero la mujer –que quizá no sea su madre, pienso de pronto– lo toma del brazo y le dice: “Vámonos”.

Para llegar a la basílica, camino varias esquinas llenas de tiendas de artículos religiosos, locales comerciales, restaurantes de comida rápida, zapaterías y demás negocios. Una mujer morena de unos 40 años me pregunta de dónde soy. Sin posibilidad alguna de reaccionar, me entrega un kit guadalupano que consta de un cromo, una oración para el trabajo, un rosario y otros artículos benditos por el sacerdote por una duración de cinco años. El donativo es voluntario, aunque al pagarle con un billete de cien pesos, únicamente me devuelve cuarenta. He sido estafado y sigo mi camino.

Dentro del recinto se respira un ambiente de relativa tranquilidad. Cierto que las personas van y vienen, se arrodillan cinco minutos y salen; los niños miran detrás de las bancas un calendario guadalupano y en general la atmósfera parece muy laxa. La voz del padre, temblorosa, indica que en el capítulo 19 del Levítico, Jehová le dijo a Moisés que seamos santos. ¡Sean gente buena, sean santos!, nos implora el sacerdote, y parece que está a punto de explotar en llanto. A propósito, en las redes sociales la noticia de hoy es la confirmación de la muerte de Kike Plancarte, el “líder templario”. Por alguna razón se me cruza esa imagen por la cabeza. A México le sobra catolicismo (93 millones), fútbol y narcotráfico.

Los folletos no se regalan. El donativo es de siete pesos. Los títulos, de lujo: ¡Abortaste! –Al rescate de ti misma–, ¿Abandona la iglesia a los homosexuales?, La Eucaristía es espléndida. Al fondo, entonan el salmo 23, de mis favoritos, en una versión meliflua. Una señora entra con sus nietos, hace sus devociones en tiempo récord, y antes de irse les pregunta si ya se persignaron. Otro niño, al ver los contenedores dorados en los que se depositan los donativos, grita feliz: “¡Mira, esto es oro!”. Su papá lo calla en el acto. La gente cerca de las entradas generalmente está de paso, como yo.

La nueva basílica de Guadalupe abrió sus puertas el 12 de diciembre de 1976 y en la actualidad alberga la imagen de la Virgen, después de haber sido trasladada desde la antigua basílica. A la salida, una adolescente posa con su vestido de bolitas rosas bajo la estatua de Juan Pablo II. En torno al monumento, los visitantes toman un descanso. Algunos llevan mochilas y prácticamente se han instalado en el piso, con garrafones de agua y cobertores. Un perro enfermo cruza en dirección a una monja, que sonríe despreocupada. Las palomas y los ancianos se refugian aquí.


La basílica cuenta con un museo que posee un acervo grosso de pinturas, esculturas, litografías, objetos decorativos, muebles, retablos y exvotos. Estos últimos, como todo mundo sabe, son ofrendas en cumplimiento de una promesa a la Virgen María, a Jesús o a los santos para pedir o agradecer favores. Algunos de ellos me recuerdan a De Chirico, por su sencillez enigmática y su pálido despojamiento. Además se ven viejos, derruidos. La mayor parte de ellos son de pintores autodidactas, y entre las variantes podemos ver escenas de parto, azoteas de edificios, vías de ferrocarril, barrancos, peleas callejeras y cárceles. Muchas de las inscripciones tienen errores de ortografía realmente fantásticos.  Sería capaz de volver sólo para mirar de nuevo la iconografía kitsch de los exvotos, o bien, para quedarme a vivir en los pasillos.

El recorrido incluye un gran número de pinturas sacras y por momentos puede resultar cansado, aun cuando se trate de obras estupendas. Hay también un salón abacial con retratos de Miguel Cabrera, cuya ostentación roza lo ridículo. Alfombra roja, sillones dorados, tibor y pinturas de gran formato. Los visitantes sólo miran por encima las piezas en una especie de manoseo visual, mezclado con oficio turístico y cierto hálito de fe perdida. Veremos una sala de iconografía guadalupana, la cabeza de San Juan Bautista y un ángel sosteniendo una concha con una perla blanca en alusión a la pureza uterina de la Virgen.

Al salir, observo a unos señores comer sus sándwiches de huevo con especial devoción. En el recinto del Tepeyac, la nevería es el auténtico milagro de la tarde. El sitio parece un escenario del videojuego Castlevania Lords of Shadow. Subo las escaleras y llego al sagrado recinto, donde una placa dice que el 9 de diciembre de 1531 la madre de Dios habló por primera vez con Juan Diego. Una chica amamanta a su bebé debajo de esta placa. La capilla está llenísima, de modo que la recorro en un par de minutos para salir otra vez. Alguien dice: “¡Vamos al panteón!”, pero no tengo ganas de ver la tumba de Antonio López de Santa Anna ni la de su esposa.

La perspectiva aérea muestra el complejo de edificios, iglesias e instalaciones. Según Wikipedia, este lugar recibe 20 millones de peregrinos aproximadamente. A nivel de popularidad, sólo la basílica de San Pedro lo supera. Por hoy, suficiente. Me dirijo al Burger King, ya en la calle, mientras oigo una canción de Luis Miguel con mariachi, proveniente del mercado de artesanías “La Villita”. Cuando llego al fast-food, me compro un helado. Ahí, para mi sorpresa, la mujer ciega y el niño-leopardo están comiendo cada quien un King de pollo. Como diría David Bowie, todos podemos ser héroes por un día.


FOTOS: Ramón Ruiz Sampaio.


Publicado originalmente en La Ciudad de Frente [23.04.2014]