CONEJOBELGA

24 febrero 2015

¡uh-uh!


Un título deslumbrante para Wii U.

Desarrollado por Retro Estudios, Donkey Kong Country Tropical Freeze (2014) representa la quinta entrega de la franquicia favorita de los monos nintenderos, en HD y con nuevas dinámicas de juego. Su impresionante diseño visual, cuidado al mínimo detalle, incluye una gama variada de animales y artefactos, escenarios y ambientes, música y diversión. El OST es una delicia: David Wise está de regreso, y hace mancuerna con Kenji Yamamoto. Vas a oír algunas melodías ya conocidas. La nostalgia tiene su encanto. La historia, bastante simple, gira en torno a los Frigómadas, una pandilla de pingüinos vikingos que ha tomado el control de la isla de Donkey Kong, quien con ayuda de sus amigos—Diddy + Dixie + Cranky Kong—deberá hacerles frente a través de seis mundos llenos de peligro y desafíos inmisericordes. El nivel de dificultad es bastante alto, así que no creas que podrás acabarlo fácilmente. No, no, no. Antes vas a sudar un poquito, y hasta es posible que arrojes el control [¡piénsalo dos veces!] o apagues la consola para volver tímidamente a ella unas horas después. ¡O incluso patalees! La rejugabilidad está garantizada: los de Retro tienen varias sorpresas para ti. Si juegas solo, no te irá nada mal (dicen por ahí que el modo cooperativo no es tan fluido), pero tendrás que dedicarle arduas horas de técnica simiesca. Saltar, gritar, golpearte el pecho, evadir la trayectoria de un tornado, ¡cualquier cosa!






Hay que decirlo. Tropical Freeze destaca entre muchos otros títulos lanzados para las consolas competidoras de Wii U por su deslumbrante creatividad. No es de esos juegos plataformeros en 2D que uno descarga en digital para olvidarlo unos días—¡incluso unos minutos más tarde! Se nota el amor y el cariño de Retro, y sus altas exigencias para dejarlo impecable. Si bien la franquicia sigue siendo básicamente la misma, te la pasas muy bien saltando al milímetro para no caer, disparando barriles de pólvora (¡contigo adentro!) y nadando a contracorriente mientras un pulpo gigante mueve sus adorables tentáculos. Los jefes de nivel presentan originales rutinas de combate; te harán sufrir. Definitivamente, Nintendo ha sabido revivir viejas glorias. Su modelo de negocios, conocido como océano azul, brilla en todo su esplendor. ¡Larga vida al rey de los monos tropicales!
¡UH-UH!



Donkey Kong Country Tropical Freeze
Nintendo
2014



23 febrero 2015

escaleras a wittgenstein



Los límites de mi lenguaje
son los límites de mi mundo. 

Tras varios rechazos editoriales, Ludwig Wittgenstein publica por primera vez su Tractatus logico-philosophicus en 1921, en el cuaderno 14 de los Annalen der Naturphilosophie. Obra de difícil lectura, en parte por la ambición de sus alcances—resolver todos los problemas filosóficos—, resulta de especial interés para aquellos lectores que quieren llegar al fondo de las cosas. En pocas palabras: nerds.

W. enumera una conjunto de aforismos cuyas nociones de metafísica, epistemología, lógica y teoría de la ciencia nos permiten comprender el papel principal de la filosofía: la clarificación lógica de los pensamientos. Ésa es, digamos, la misión didáctica del texto. Aunque el propio W. señala: «mi obra se compone de dos partes: de la que aquí aparece, y de todo aquello que no he escrito. Y precisamente esta segunda parte es la importante.» 

Hecha la aclaración, el Tractatus pone en orden la casa y son célebres sus perlas de sabiduría: 1) Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo y 2) Cuanto puede ser pensado, puede ser pensado claramente. Cuanto puede expresarse, puede expresarse claramente. Y a continuación, acota 3 territorios que el pensamiento lógico no es capaz de abarcar: lo ético, lo estético y lo místico—que constituyen lo indecible. «Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico», apunta. 

La cucharada final de este volumen es una recomendación elegante y paradójica. W. nos pide arrojar la escalera después de haber subido por ella. Dado que nuestros problemas vitales no se resuelven mediante la lógica, en resumidas cuentas sólo tenemos la opción de sentir/intuir lo que se muestra como inexpresable: lo místico. Más allá de las cuestiones científicas, la única respuesta posible es el silencio, porque entendemos el cómo del mundo, pero somos ajenos al qué—a su sentido último.  
Y entonces Wittgenstein se detiene prudentemente. Su andamiaje lógico demuestra que pensamiento, lenguaje y mundo están intrínsecamente unidos. Señala el camino para la sistematización de nuestro conocimiento limitado por las proposiciones de la ciencia natural, y explica que detrás del lenguaje, o más bien fuera de él, lo inexpresable no tiene forma de ser dicho. Ante ello, callar resulta de lo más inteligente. Detener la maquinaria del pensamiento.
Arrojar la escalera.


 RAW.
Tractatus logico-philosophicus (2012), Ludwig WittgensteinVersión e introducción de Jacobo Muñoz e Isidoro Reguera. Alianza Editorial, Madrid.


los infiernos lógicos


A partir de la relación oblicua entre un hombre herido, una niña con un ataque de asma y una pareja de recién casados, El incidente desafía el cine comercial a favor de un ejercicio de ciencia ficción en sintonía con Philip K. Dick. La opera prima de Isaac Ezban, exhibida hace unos meses en el festival de Cannes, se presentó durante el marco del Festival Internacional de Cine de Mérida y Yucatán 2015.
 
Termina la función de El incidente (2014), de Isaac Ezban, y siento un impulso furioso de ir corriendo a comprarme la narrativa completa de Philip K. Dick para empezar de inmediato su lectura. O por lo menos, la novela que tantas veces veremos a lo largo del filme: Time Out Of Joint.  Tengo más preguntas que respuestas, y la sensación de circularidad persiste, además de que he tomado nota sobre un buen número de pistas falsas. Misterios que en todo caso serían lynchianos, pues dudo que arrojen luz sobre lo que he visto: un sofisticado mecanismo de ciencia ficción nada frecuente en el cine nacional.

Estos guiños crean una amalgama que los amantes de los infiernos infinitos y las aporías lógicas sabrán disfrutar. Desde los dibujos imposibles de Escher a la Nadja de Breton, El incidente podría remitir también a los relatos malsanos de Mario Bellatin o a las situaciones pesadillescas de Alejandro Jodorowski, a El jardín de senderos que se bifurcan de Borges o a La historia según Pao Cheng de Elizondo. Reconozco tantas conexiones que enumerarlas parecería un performance de autista. Sin olvidar que A puerta cerrada de Sartre, donde los actos están condenados a repetirse una y otra vez bajo una monstruosa circularidad punitiva, sería otro referente útil. Un infierno doméstico.


Pero más allá de las referencias intertextuales y los guiños a voyeurs clavados en la textura, percibo una intención explícita de fundar un lenguaje que desafíe la racionalidad, y que la traicione a partir de reglas absurdamente racionales. La trama es muy sencilla. Dos hermanos atrapados en un edificio cuyas escaleras no conducen a ninguna salida parecen relacionarse con una familia que viaja por una carretera sin fin—y en los márgenes de la historia, con unos amorosos recién casados. Un leitmotiv los persigue: todos son víctimas de incidentes desastrosos. Y en algún punto, las parábolas adquieren tintes metafísicos por la sensación de no poder huir.

Lo que vendrá después me hace pensar en el discurso de los esquizofrénicos y la divergencia mental de los paranoicos, en los clochards de Beckett y la sensación de fracaso generalizado. Esta opera prima—probablemente ya una obra de culto—destila una especie de amargura intelectual que se lame las heridas en el espejo. No le falta humor mutante que se transforma en ironía cósmica—como el cuerpo de Stephen Hawking en suspensión gravitatoria. Es evidente una fijación por las contradicciones lógicas, los laberintos matemáticos y el delirio articulado de forma verosímil. Justo lo que uno necesita un viernes por la noche para sentirse feliz. 



 El incidente
Isaac Ezban
Cine Caníbal, 2014


21 febrero 2015

fernanda rodz_corazón pensante




Conocí el trabajo de ilustración + bordado de Fernanda Rodz en la expo organizada por Proyecto M18, Deseos. Su propuesta sintetiza conceptos visuales bien definidos y cierta frialdad quirúrgica, todo resuelto de forma limpia y precisa. Como la obra de un científico del siglo XIX. 


INICIOS
No recuerdo el punto en el que me di cuenta de lo interesada o comprometida que estaba con la ilustración o el diseño. Desde la secundaria me llamaban la atención el dibujo y las manualidades más que otras materias, pero no fue hasta la universidad que decidí estudiar diseño gráfico y de ahí todo fluyó hasta ahora, que estoy más enfocada a la ilustración y las artes visuales. A mitad de la carrera me di cuenta que no era lo que esperaba y se me hacía más fácil aprender por mi cuenta lo que me interesaba. Siempre he tenido problemas con seguir un horario o tomar materias que no llaman mi atención.
 
VOCACIÓN & APRENDIZAJE
De cierta manera, la vocación y el aprendizaje van de la mano. Yo lo veo así: Descubres qué te gusta, entonces eso te lleva a estudiar e investigar sobre el tema y te ayuda a orientarte o crear un mejor concepto de lo que tienes. Algo así como 70% vocación, 30% aprendizaje.

ESTILO
No me gustaría tener solo un estilo, sería privarte de muchas cosas, a veces me gusta trabajar con acuarelas o prismacolor y todo resulta un poco más colorido, pero sí tiendo a recurrir a un tono científico, bastante frío y hermético. También me gusta probar materiales nuevos, poder pasar de la ilustración al bordado, por ejemplo.   

PROCESO
No sigo un proceso para hacer mis piezas. La mayoría son realizadas en un tiempo no mayor a 2 días y sin llevar un proceso en sí. Al menos no uno que pueda explicar [Risas].


VIDA Y OBRA
Te podría decir que mi obra no está vinculada con vivencias personales, pero algunas de las personas que me conocen te dirán que sí. En mi caso, hago lo que se me viene a la mente en cualquier momento, ya sea al terminar de leer un libro, ver una película o viajar a algún lugar, y el resultado será algo completamente diferente a lo que vi o leí, pero eso fue lo que me inspiró, así que sí está relacionado. Plasmo lo que en ese momento quiero plasmar y casi nunca me detengo a pensar en lo que otros pueden llegar a ver en mi trabajo.

PIEZAS ÚNICAS
Mi trabajo está inspirado en la ilustración científica de 1880. Lo interesante y bonito de dedicarte a crear es que en cada pieza pones un poco de ti y así creas piezas únicas. Tal vez tu inspiración sea el Pop Art pero le pones tu toque y se pueden crear cosas interesantes. Claro, sin caer en el plagio. 

ESPACIO CREATIVO
El espacio creativo es importante. Amo mi estudio, es mi espacio favorito. Lo lleno de cosas que me inspiran visualmente, y mucha luz. Creo que todos deberían de crear un espacio donde al entrar olviden todo y se sientan en confort y cerca de sí mismos.

 
2015
Mi objetivo en materia creativa es seguir aprendiendo. Probar nuevos materiales y técnicas. No quedarme donde estoy ahora.


 Todas las imágenes: Cortesía Fernanda Rodz


03 febrero 2015

universo björk

 
Intuiciones de una madurez conmovedora.

El universo interior de Björk [sería limitado decir mundo, porque no ha dejado de expandirse] apela constantemente al pensamiento divergente, a la imaginación caprichosa y desbordada. Desde su etapa inicial, violentamente feliz, hasta los exabruptos de Hunter/cabeza rapada o la hondura maternal de Cocoon/leche de pezones roja, NADIE pensaría que a esta islandesa le gusta pasar desapercibida. Lo suyo es la extravagancia, el reino de la imprudencia impredecible. Tirar la casa por la ventana—¡o comprarse un barco!

Si, como alguna vez dijo Susan Sontag, el artista moderno ejemplar es un traficante de locura, Björk se lleva las palmas—recordemos su impresionante interpretación de Selma en ese bizarro musical que fue Dancer In The Dark (2000), dirigido por otro excéntrico: el señor Lars von Trier de Dinamarca. Pero fuera de cualquier apelativo ingenioso, nos encontramos frente a una artista que ha sabido expandir su lenguaje sonoro, la mayoría de las veces con virtuosismo y alto factor de riesgo. Música para el cuerpo y la mente y lo que hay en medio. Vitamina espiritual. 

¿Es posible perfilar una taxonomía del trabajo de Björk? No sería descabellado, no sería imprudente sentar las bases. Human Behaviour y Earth Intruders son como hermanas con varios años de diferencia. Isobel, Joga, Pagan Poetry, Stone Milker y Black Lake—las dos últimas piezas, de su nuevo material, Vulnicura (2015)—podrían formar un quinteto emotivo hasta las lágrimas. En el centro del cosmos musical, brillarían temas como Hidden Place, New World, Cosmogony. Y ya en plan de feminismo eléctrico, sería necesario prestar atención a tres furias: Pluto, Declare Independence y NotGet.

El registro vocal de Björk y su enérgica introspección explosiva, junto a una sorprendente audacia fashionista, la convierten lo mismo en un referente de la música experimental que en una simpática girl scout en las montañas de su tierra natal, vendiendo galletas verdes a los gnomos, persiguiéndolos con delicadas puntas de hielo triste. Y no es realismo mágico.

Vulnicura destila sentimientos de fragilidad y desesperación, imágenes de ambientes glaciales, intuiciones de una madurez conmovedora. Björk vence a sus propios demonios con cantos de sirena, muy bien producidos, eso sí, por ella misma + Arca + The Haxan Cloak. La fusión de cuerdas y sintetizadores [especial atención al dueto con Antony Hegarty, en Atom Dance] entona un dramatismo de lo más extraño, pero sumamente disfrutable. La reina del hielo despertó adolorida. Pasen y oigan.

Vulnicura
Björk
One Little Indian, 2015