CONEJOBELGA

18 abril 2017

ramírez + said_handshake



La muestra Grado Cero, que se exhibe actualmente en la galería Lux Perpetua, reúne a Gabriel Ramírez y Emilio Said.

Batear .300
La obra de Gabriel Ramírez (Mérida, Yucatán, 1938) actúa como un vórtice, con el ímpetu que Juan García Ponce ya señalaba en su ensayo de los Nueve pintores mexicanos [1968]. La tensión de los elementos contradictorios luchando perpetuamente entra por la córnea para traducirse en emociones que nos deslumbran y aturden. Ramírez dice que no sabe en qué consiste la pintura, mientras ahuyenta a Blackie, su gato negro. No hay que verlo como una metáfora—resultaría demasiado obvio—pero sin duda esa imagen esconde un encanto: el de no saber dónde radica el pathos de su obra, ese juego incesante del eterno retorno. Sobre la base de esa pulsión incontrolable, los colores son cantos de sirena que el pintor ejecuta de forma rapidísima: Yo en dos, tres sesiones tengo que terminar el cuadro. Quita, quítate, ándale, Blackie.

Al final de la charla, lo veo hablarme de una película para cerrar el círculo. En Las curvas de la vida (2012), de Clint Eastwood, hay un momento en el que Gus Lobel le dice a su hija: En el béisbol, el que batea .300 veces ya la hizo. Batear .300 significa que le atinas 3 veces a 10 pitcheadas. «Y así es en la vida—explica. Igual me pasa con la pintura, supongo.»
 
Arquitectura molecular
Emilio Said (Ciudad de México, 1970) percibe la pintura como un todo que muta cada vez que es mencionado. Sus influencias van desde Duchamp a Matta Clark, pasando por John Cage y Fernando García Ponce a través de un cuerpo de obra ecléctico y retador, sin dogmas pictóricos. «Todo el tiempo intento construir y después deconstruir, pero siempre hablamos de una obra híbrida. La coherencia estilística no me sujeta en lo más mínimo.» Said expande la noción de extraño arquitectónico, permitiéndose manipulaciones conceptuales y recursos mediáticos múltiples. Sus cuadros también son ensambles. Salto al vacío, una obra de su producción actual, sintetiza la atracción por lo heterogéneo. En ella coexisten arquitecturas, transferencias, deconstrucciones, una noción pictórica, gráfica e intervenciones con letraset. Aprovecho entonces para preguntarle por el vínculo. «Creo que hay que ser muy honestos. Con el maestro Ramírez, el único medio o hilo conductor es la pintura. El diálogo puede ocurrir por los contrastes que detone este encuentro», me responde.

En síntesis, ambos pintores mantienen una postura crítica hacia su trabajo. Plantean universos personales, egoístas en el sentido más feliz de la expresión.
 
Handshake
A partir de las estéticas propuestas, la pintura arroja sus propias conclusiones. Induce a transitar el espacio por vías racionales y emocionales, con el riesgo de caminar por las paredes. Por lo demás, nos encontramos ante un suceso bastante curioso: dos pintores atípicos radicados en Yucatán conversan sin palabras. Somos testigos de que, sin duda, el diálogo existe. 
Ahora, un apretón de manos.

Christian Núñez
Primavera 2017

Texto de sala de la muestra pictórica Grado Cero, una colaboración con Lux Perpetua Art Centre. CONEJOBELGA I Cultura Pop agradece a Nadia Pérez todas las facilidades otorgadas.